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Las protestas en las universidades en EE. UU. no solo se relacionan con la guerra en Gaza

Cuando hablamos con los estudiantes que participan en las recientes manifestaciones, vemos que su indignación es evidente: han sido impulsados por el raudal de muerte y destrucción en la Franja de Gaza y se arriesgarán a ser arrestados por protestar a favor de la causa de los palestinos.

Para la mayoría de ellos, la guerra sucede en una tierra que jamás pisarán, donde solo conocen a las personas asesinadas (hasta ahora 34.000, según las autoridades sanitarias locales) por lo que han leído o visto en internet.

Pero, para muchos, lo que sucede en Gaza está relacionado con problemas más cercanos que, al mismo tiempo, son mucho más grandes y extensos. En su opinión, el conflicto de Gaza es una lucha por la justicia, vinculada a temas que parecen muy distantes. Dicen que están motivados por el control y el maltrato a los indígenas, la discriminación contra los estadounidenses negros y el impacto del calentamiento global.

La semana pasada entrevistamos a decenas de estudiantes de todo el país que describieron, a un nivel asombroso, el prisma tan amplio a través del cual ven el conflicto de Gaza, lo que ayuda a explicar su apremio… y su actitud recalcitrante.

Ife Jones, una estudiante de primer año en la Universidad Emory de Atlanta, vinculó su activismo actual con el movimiento por los derechos civiles de la década de 1960, en el que participó su familia.

“Lo único que faltó fueron los perros y el agua”, comentó Jones sobre la reciente acometida contra los manifestantes.

Muchos de ellos han rechazado las súplicas del personal administrativo de la universidad, se han encadenado a las bancas y han ocupado edificios. Los manifestantes ya se han enfrentado a una fuerte represión y en las últimas 24 horas ha habido cientos de arrestos en muchas escuelas, entre ellas la Universidad de Columbia.

Como los estudiantes a favor de Israel están intensificando sus contramanifestaciones en varios planteles universitarios, es probable que en los próximos días se incrementen las tensiones.

En las entrevistas, el discurso de muchos de los manifestantes también era peculiar. En sus explicaciones, los estudiantes usaban con soltura términos académicos como intersectorialidad, colonialismo e imperialismo, con el propósito de argumentar que el sufrimiento de los palestinos es el resultado de estructuras globales de poder que prosperan gracias al prejuicio y la opresión.

“Como ambientalistas, nos enorgullecemos de ver el mundo a través de una óptica intersectorial”, señaló Katie Rueff, una estudiante de primer año en la Universidad de Cornell. “La justicia climática es un problema de todos. Afecta todas las dimensiones de la identidad porque tiene su raíz en las mismas luchas del imperialismo, el capitalismo… cosas por el estilo. Creo que eso se aplica mucho en este conflicto, del genocidio en Palestina”.

Jawuanna McAllister, de 27 años y doctorante en Biología Celular y Molecular en la Universidad de Cornell, se refirió al nombre del grupo estudiantil al que está afiliada: la Coalición para la Liberación Mutua.

“Ya está en nuestro nombre: liberación mutua”, comentó McAllister. “Eso significa que somos una organización antirracista, antiimperialista y anticolonialista. Creemos que nadie puede ser libre y tener el respeto y la dignidad que merece a menos que todos seamos libres”.

Casi todos los grupos de manifestantes exigen un cese al fuego inmediato y alguna forma de desinversión en las empresas que tienen intereses en Israel o en el ejército. Pero como todo está vinculado, algunos manifestantes tienen otros temas en su agenda.

El movimiento estudiantil en apoyo a los palestinos se ha construido a lo largo de varias décadas vinculando otros temas. Los Estudiantes por la Justicia en Palestina, una confederación vagamente relacionada que comenzó a surgir a principios de la década de 1990 en la Universidad de California, campus Berkeley, intencionalmente invitó a otros activistas —ambientalistas, opositores a la intervención estadounidense en Latinoamérica, críticos de la guerra del Golfo— para ampliar la base del grupo.

Hoy en día, el comité directivo nacional de este grupo afirma tener más de 200 sedes autónomas, la mayoría de las cuales están en Estados Unidos. Y casi siempre trabajan con otros grupos estudiantiles.

La construcción de coaliciones es una fuente de fortaleza y orgullo que les brinda a los manifestantes la sensación de que gran parte del mundo está con ellos.

Pero los académicos señalan que el actual movimiento, que ha indignado a muchos egresados y estudiantes pro-Israel, tiene una marcada diferencia con los movimientos en contra de la segregación en Sudáfrica o de la guerra de Vietnam.

En la década de 1960, durante las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, no había ningún colectivo que se sintiera atacado como grupo étnico, señaló Timothy Naftali, quien imparte la asignatura de Políticas Públicas en la Universidad de Columbia, aunque reconoció que los soldados estudiantes o quienes están en el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de Reserva (o ROTC, por su sigla en inglés) habrían sido abordados.

“Yo me imaginaría que estas manifestaciones están generando una sensación de inseguridad de una manera mucho más grande que las protestas contra la guerra durante la época de Vietnam”, comentó Naftali.

Gran parte de la división actual se centra en torno a Hamás y el antisemitismo.

En las entrevistas, muchos de los estudiantes se rehusaron a comprometerse cuando se les preguntó sobre Hamás, el grupo militante que dirigió los ataques del 7 de octubre en Israel, los cuales dejaron 1200 personas muertas. Muchos solo dijeron que los ataques fueron horrendos.

Pero Lila Steinbach, una estudiante de último año de la Universidad de Washington, campus San Luis, reconoció que los ataques despertaron emociones complejas. Steinbach conoce personas que fueron asesinadas y tomadas como rehenes en los ataques. Al igual que muchos manifestantes, ella se crio como judía.

“Lo que ocurrió el 7 de octubre fue una prueba de mis creencias políticas, como una persona que está comprometida con la liberación y la descolonización”, comentó. Y luego añadió: “Es difícil no condenar toda la violencia cometida por Hamás”.

Sin embargo, agregó: “También sé que la violencia de los israelíes y la violencia del imperialismo estadounidense y las condiciones promovidas por dichos actores son responsables de la proliferación del terrorismo. Cuando creces en una prisión al aire libre, quedas huérfano y te dicen que los israelíes tienen la culpa, ¿por qué no habrías de creerles?”.

Casi todos los estudiantes que se manifiestan mencionaron que el antisemitismo es un verdadero motivo de preocupación.

Pero comentaron que no lo ven a su alrededor, ni en los campamentos, ni entre los demás manifestantes, ni en consignas como “desde el río hasta el mar”. (Desde su punto de vista “desde el río hasta el mar” no es un llamado a acabar con el Estado de Israel, sino un llamado a la paz y la igualdad).

El domingo, unas cuantas decenas de manifestante estaban dando vueltas por el campamento instalado en la Universidad de Pittsburgh. Alexandra Weiner, de 25 años, una integrante de la planta docente del departamento de Matemáticas de la universidad, mencionó que ella creció frecuentando la sinagoga Árbol de la Vida, donde un nacionalista blanco asesinó a tiros a 11 asistentes en 2018.

Aunque algunos contramanifestantes habían tildado el campamento de antisemita, Weiner comentó: “Yo no he vivido ni escuchado una sola manifestación de antisemitismo”.

Más tarde ese día, cientos de manifestantes marcharon por el campus pidiendo un cese al fuego. Tras un enfrentamiento con la policía, dos fueron arrestados. El martes, el campamento ya había desaparecido.

Alan Blinder, Neelam Bohra, Patrick Cooley, Jill Cowan, Jenna Fisher, Sean Keenan y Cole Louison colaboraron con la reportería.

Jeremy W. Peters es un periodista del Times que cubre los medios de comunicación y su intersección con la política, la cultura y el derecho. Más de Jeremy W. Peters

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